Europa afronta el reto de descarbonizar su economía sin comprometer la seguridad de suministro ni la competitividad industrial; en este contexto, la continuidad de la generación nuclear constituye un elemento clave para asegurar la integración efectiva de las energías renovables. La transición energética exige no solo aumentar la capacidad renovable instalada, sino también mantener la capacidad firme baja en carbono que permita respaldar el sistema en los escenarios de menor producción renovable.
La electrificación acelerada de la economía y el despliegue de nuevas tecnologías intensivas en consumo energético refuerzan la importancia de garantizar la independencia energética, la seguridad de suministro y unos costes eléctricos competitivos. En este contexto, la aportación de los siete reactores en funcionamiento en España se presenta como una medida estratégica para asegurar una transición ordenada hacia un sistema energético plenamente descarbonizado.
Es incuestionable la urgencia de afrontar los grandes retos a los que nos enfrentamos. Según la hoja de ruta de la UE, se prevé que la demanda eléctrica se duplique de aquí a 2050. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) contempla para 2030 un crecimiento significativo de la potencia renovable y el desarrollo de tecnologías de almacenamiento que, hoy por hoy, presentan retrasos relevantes en su implantación. El contexto mundial ha evidenciado que España se encuentra en una “posición privilegiada” frente a otros países europeos gracias a un sistema eléctrico diversificado en tecnologías y fuentes de suministro en el que destacan la suma de renovables y nuclear. Un equilibrio del que actualmente disponemos, pero que podría verse comprometido en el muy corto plazo con el cierre de las centrales nucleares y el consiguiente riesgo de perder una oportunidad estratégica para consolidar a España como un eje clave de la autonomía energética europea.
Este equilibrio, que ha contribuido a contener los precios de la energía durante la reciente crisis energética global, se sustenta en la complementariedad entre generación renovable y generación firme baja en carbono —entre la que destaca la aportación nuclear, con aproximadamente un 20% de la generación eléctrica— y constituye una red de seguridad frente a episodios de volatilidad energética. El cierre anticipado de las centrales nucleares supondría la pérdida de una parte relevante de esta capacidad gestionable, obligando, previsiblemente, a recurrir a tecnologías emisoras como respaldo en escenarios de baja producción renovable y dificultando, con ello, el cumplimiento de los objetivos de descarbonización que dan sentido al propio PNIEC.
El calendario de cierre del parque nuclear español contempla la reducción de aproximadamente, 4 GW de potencia instalada entre 2027 y 2030 (Almaraz I y II, Ascó I y Cofrentes). Esta pérdida supondría renunciar a cerca del 12 % de la electricidad generada actualmente en nuestro país y a una fuente que contribuye a contener los precios del mercado mayorista y a la estabilidad del sistema eléctrico mediante el control de parámetros esenciales como la tensión y la frecuencia de la red.
¿Es realmente 2027 el momento en el que España puede empezar a renunciar a todo esto?
Informes recientes del Parlamento Europeo advierten de que el cierre de este tipo de instalaciones puede conllevar riesgos económicos y demográficos relevantes en su entorno, comprometiendo empleo cualificado y cohesión territorial, además de incrementar la vulnerabilidad del sistema eléctrico frente a la intermitencia de la generación renovable.
La misión de la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo a la central nuclear de Almaraz insta a reconsiderar su cierre, al entender que su operación resulta estratégica para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico español y asegurar una transición energética técnicamente viable.
2026 es un año decisivo para España, ya que, si en el corto plazo no se adopta una decisión en firme sobre la contribución de la energía nuclear en el periodo 2030-2050, se comprometerá de forma irreversible la continuidad del parque nuclear, y se confirmará técnicamente el cierre definitivo de Almaraz 1 y su aporte a la red eléctrica española prescindiendo, sin razones técnicas o de seguridad, de un recurso al que todavía le queda mucha vida útil por delante.
La hoja de ruta de la UE prevé que la demanda eléctrica se duplique de aquí al 2050.
Una sola fuente de energía nunca podrá cubrir todas nuestras necesidades. Es imprescindible contar con una cesta energética equilibrada, diversificada, basada en fuentes bajas en carbono que garantice un suministro estable, económico, seguro y sostenible; garante de la independencia energética de nuestro país ante incidentes geopolíticos o climáticos. El diseño energético del futuro debe ser capaz de sostener el crecimiento exponencial de la generación renovable acompañado del respaldo necesario para hacerla segura.
Depender de los combustibles fósiles es cada vez más insostenible. Según la Organización Mundial de la Salud, la exposición a la contaminación del aire causa 7 millones de muertes prematuras cada año; una realidad que también pone de relieve la vulnerabilidad del sistema eléctrico ante la volatilidad de los mercados energéticos, como ha evidenciado el reciente shock derivado del conflicto en Oriente Medio.
España es actualmente el único país del mundo con centrales nucleares en operación que no contempla la extensión de su vida útil, mientras que 38 países -18 de los cuales son europeos- desde la COP28 han apostado por triplicar la capacidad nuclear mundial de aquí a 2050.
La Comisión Europea (CE) clasificó como sostenible la energía nuclear para alcanzar el objetivo de plena descarbonización en 2050 y ha advertido sobre el error estratégico que supone el cierre prematuro de las centrales. Tras un estudio del Centro Común de Investigación de la UE que demostraba que la energía nuclear no supone un daño para el medioambiente, considerándola desde entonces necesaria para la transición hacia una generación sin emisiones de dióxido de carbono, principal causante del efecto invernadero. La ONU, por su parte, advirtió en 2021 que los objetivos globales para frenar el calentamiento global NO podrán alcanzarse si se excluye a la nuclear.
La energía nuclear aporta alrededor del 50 % de la electricidad baja en carbono de la UE y cerca del 20 % de su generación eléctrica total.
Las centrales nucleares españolas funcionan de manera segura, fiable y eficiente, con resultados excelentes. Están diseñadas, mantenidas y operadas de manera robusta y segura siguiendo los más exigentes estándares internacionales y la supervisión de un organismo independiente como es el Consejo de Seguridad Nuclear.
La industria nuclear española es una fuente de empleo cualificado, riqueza económica y bienestar social. Aporta más de 1.000 millones de € al año en impuestos y genera más de 30.000 puestos de trabajo cualificados.
La nuclear suma varias décadas generando de manera continuada más del 20% de la electricidad consumida en España y ayudando a contener los costes de la energía.
A día de hoy, es técnicamente imposible que los objetivos de descarbonización recogidos por el PNIEC se cumplan si se cierran 4 centrales nucleares antes de finalizar el 2030.
Como profesionales nucleares, y en base en nuestros conocimientos técnicos y experiencia del sector, avalamos el funcionamiento seguro de las centrales nucleares de este país y su capacidad para continuar operando hasta los 60 años o más sin que exista ningún límite técnico que lo impida.
El informe de la Eurocámara sobre CN Almaraz subraya sus elevados estándares operativos y su rendimiento reconocido internacionalmente, destacando que su tecnología no puede considerarse obsoleta y que reactores análogos están autorizados a operar hasta los 80 años en otros países.
El actual calendario de cierre del parque nuclear responde a criterios políticos, no técnicos. Países como Estados Unidos, Francia, Japón o Bélgica han optado por ampliar la vida útil de sus reactores, dado que la operación más allá de los 40 años no supone un reto tecnológico ni económico y es una realidad ya en muchos países del mundo. De hecho, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) considera que la extensión de vida de las centrales existentes es el modo más rentable de generar electricidad baja en carbono.
Un plan energético orientado a combatir el cambio climático sin comprometer la competitividad no puede prescindir de la energía nuclear. Para garantizar su viabilidad a largo plazo, es necesario establecer un marco regulatorio estable y predecible, tal y como ya han hecho numerosos países que han decidido prolongar la vida útil de sus centrales o incorporar nueva capacidad nuclear en sus sistemas energéticos.
Se revise la contribución de la energía nuclear al PNIEC, que sigue siendo susceptible de actualización, dado que las centrales nucleares españolas constituyen uno de los pilares del sistema eléctrico nacional, aportando una generación estable, libre de emisiones de CO₂ y disponible las 24 horas, contribuyendo a la estabilidad de la red mediante sus capacidades de control de la tensión y de la frecuencia, así como miles de puestos de trabajo de alta calidad y larga duración, tanto directos como indirectos.
Se genere un marco económico, fiscal y regulatorio estable y adecuado que permita la continuidad del parque nuclear en España como un recurso necesario para la transición energética hacia una economía descarbonizada. España no se puede permitir el lujo de prescindir de una fuente baja en carbono, estable y poco dependiente de factores externos y, para ello, es necesario que se adecúe la política energética de nuestro país.
Se ponga en valor el papel que juegan centrales nucleares en la producción de energía de base que complementa y respalda el crecimiento de las renovables en nuestro país. Ante la dicotomía de “o las unas o las otras” defendemos que son el binomio perfecto para alcanzar una cesta energética independiente, competitiva y sostenible (tanto a nivel económico como en el cumplimiento de los objetivos europeos para la reducción de emisiones).
Se evite la crítica a las centrales nucleares sobre la base del argumento de la generación de residuos radiactivos, cuando existen soluciones tecnológicas probadas internacionalmente tanto para la gestión temporal como para la gestión definitiva de los mismos.
Se reconozca públicamente el papel que juegan las centrales nucleares españolas para proporcionar de manera estable un bien necesario y estratégico como es la energía eléctrica, vector necesario para el desarrollo económico y la competitividad del país.
Y para que la continuidad del parque nuclear sea un hecho, por nuestra parte, ofrecemos el compromiso personal y profesional para trabajar de manera segura, fiable y sostenible en la operación de estas instalaciones de manera que su capacidad de generación siga intacta durante las próximas décadas. Ni cierre, ni retroceso.